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Sureste Diario

Región de Murcia

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20 septiembre, 2017

“Puntadas Sin Hilo”


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-Semana Santa Cartagena 8/04/2017. Foto: Juan Sánchez-

JS PERFILJuan Sánchez | Opinión | Social | Cada día entiendo un poco menos a esta especie. Cada día me alejo un poco más de la cotidianeidad. Cada día me identifico más y más con las palabras de Zsa-Zsa Gabor: “Cuanto más conozco a los humanos, más me gustan los animales”…

Domingo de Ramos, la procesión de La Burrica por todas ‘las Españas’. Y por supuesto en Cartagena*: ciudad castrense y devota por historia, por fervor y convicción. El año pasado pude disfrutar en varias de sus procesiones, y he de confesar que me dejaron muy gratamente sorprendido. Esa marcialidad, ese ritmo milimétricamente ejecutado, ese orden cuasi obsesivo, esa pulcritud sincronizada de principio a final. Las procesiones de Cartagena son un buen ejemplo a imitar, por su laborioso buen hacer y su excelente organización. Sin desmerecer las ‘apoteósicas’ de otros muchos pueblos y ciudades de este variopinto y polícromo universo nacional, entre las que incluyo a mi Murcia natal con esas magnas obras del arte sacro procesionadas al más puro estilo huertano: Los Salcillo. O las ‘bíblicas’ de Lorca, y tantas y tantas otras que no cabría la enumeración en tan escasos reglones. Ahí están para visitarlas y saborear esta parte viva de nuestra historia más ‘profunda’; con sus defensores y detractores ensalzados en una lucha sin cuartel que, en este caso, huelga, aunque solo sea por respeto hacia la libertad de credo de cada cual. Y, conocidos los argumentos del pro y el contra, voy a dejar el tema por aquí mismo precisamente por respeto hacia ambos ‘bandos’ y por fidelidad a la libertad personal, pues el remedio nunca debería ser peor que la enfermedad, ¿verdad?

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-Semana Santa Cartagena 2016. Foto: Juan Sánchez-

Soy devoto de la pasión y la devoción humana, sea religiosa o todo lo contrario. Es admirable tanto fervor y devoción en cofrades, portapasos, procesionistas, nazarenos, capirotes, feligreses, devotos de cada imagen, y público en general que atiende expectante e incansable el tránsito de cada procesión. Me encanta mezclarme entre ellos. Me apasiona ver sus semblantes emocionados a la par que esperanzados, sentidos, doloridos, admirados, entregados, ‘hipnotizados’, demandantes de una mirada del Cristo de la Misericordia, o de una lágrima de la Virgen Dolorosa que lleve su nombre. Me emociona sentir tanta emoción intensa, y tan viva, tanta FE -con mayúsculas- impregnando el ambiente, conformando una cúpula de ilusión y alegría futura que borre cada dentellada del miedo, cada anhelo quejumbroso, cada entraña malherida, cada aflicción del día a día que les ha tocado padecer. Se siente lo mejor de la especie humana: se siente una humanidad enfervorecida y crédula hacia sí misma.  Y en esos momentos que suelen durar justo esos momentos, me hago la ilusión de que somos buena gente, que los hombres y mujeres que pueblan este mundo somos lo mejor de lo mejor y nunca antes ni después de nosotros podrá florecer sobre la faz de la tierra una raza superior. Y por un instante vuelvo a querer ser humano, y a creer en el hombre.

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-Semana Santa Cartagena 2016. Foto: Juan Sánchez-

Luego recuerdo que la Semana Santa también acaba. Que nazarenos, cofrades, capirotes, pasos, iglesias y corazones humanos echan el cierre y vuelven a ser lo que eran. Recuerdo el futuro y los veo comportarse tal cual fueron y volverán a ser tras las procesiones y el apasionamiento momentáneo de ‘la fiesta’. Recuerdo que el altruismo y los buenos samaritanos solo son para lucir en la representación de ese vía crucis figurado. Rememoro el calvario de Cristo y sus palabras, su obra y convicciones. Predicar no es dar trigo. Eso decían los grandes sabios de la antigüedad: nuestros abuelos. Menos lágrimas engalanadas y más mirar a ras de suelo. Pues justo en ese suelo mugroso que nunca miramos viven a duras penas los más desfavorecidos de esta durísima sociedad, nada pulcra y absolutamente insolidaria que sale de procesión cada día llevando en el trono su imagen predilecta: el becerro de oro.

No existen las puntadas sin hilo. Todos llevamos intención en cada gesto, en cada palabra, mirada, acción u omisión de acción que es aún peor. La solidaridad es un giro retórico de esta realidad. La hipocresía plaga cada golpe de pecho ante los altares, con lógicas y admirables excepciones, seamos justos. Los justos terminan pasándolo mal, los pecadores están en los altares sociales. La injusticia ha tomado los más altos tribunales, el truhan gobierna naciones, los sabios se ahogan en un mar de dudas, los zopencos emboban a las masas desde esas tribunas de plasma con olor a porquería. El pobre siempre será culpable de su pobreza: “algo habrá hecho” dirán los que tanto se golpean el pecho. Y los pastores, vestidos con sus mejores galas purpuradas, llevan el rebaño al matadero de su humanidad.

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-Semana Santa Cartagena 2016. Foto: Juan Sánchez-

Lo dije al principio: cada día entiendo menos a esta especie. Estoy seguro que Cristo volvería a ser condenado a la cruz y los ladrones quedarían nuevamente libres si de nuestro juicio dependiera su calvario. Barrabás, y sus adeptos, sigue muy vivo en lo más profundo y superficial de esta sociedad. Mirad arriba, allí está. Y, per sécula seculorum, allí estará. Amen (Sin acento).

Texto e imágenes: Juan Sánchez – Bajo licencia Creative Commons © 2017

*Por si os interesa, Semana Santa Cartagena: http://semanasanta.cartagena.es/index.asp

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-Semana Santa Cartagena 2016. Foto: Juan Sánchez-

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